El pensamiento clickbait

Queridos terrícolas: 

«Nos estamos convirtiendo en una sociedad de pensamiento clickbait». Ahora imaginaos que suelto esa frase sola. Una frase rimbombante totalmente vacía. Y de eso, una vez más, es de lo quiero hablar. 

El tan usado clickbait era una práctica que se dedicaban a explotar sobre todo los periódicos digitales en sus titulares, para que pinchases en la noticia en lugar de para informar. El último caso que he leído esta misma mañana era el siguiente: «Manuel Carrasco, en ‘El hormiguero’: “Fui a juicio por tirar una pandereta al público de un concierto”». Tal y como está escrito parece que el músico onubense fue denunciado por abrirle la cabeza a una de sus fans al lanzarle la pandereta. Pero nada más lejos de la realidad. Cuando lees la noticia descubres que Manuel Carrasco fue en calidad de testigo ya que, tras tirar la mencionada pandereta, dos personas del público se pegaron por quedarse con ella. Absurdo el juicio y absurdo el titular. 

¿Tenemos que resignarnos a que para hacer caja los medios de comunicación tengan que recurrir a estas «trampas» gramaticales en lugar de a informar correctamente? Pues no lo sé. De algo tienen que vivir, supongo. Aunque sí es cierto que echo de menos ciertas tareas periodísticas que hoy en día prácticamente solo se pueden disfrutar en películas como «Todos los hombres del presidente» o «The Post». 

Otro de los gremios que más utilizan el engaño del clickbait son los youtubers (y generadores de contenidos digitales en general, que no sean periodistas). Pero ellos no tienen ningún código deontológico que respetar. Al menos que yo sepa. Solo cierto grado de moralidad que es de suponer a casi todo el mundo que quiera vivir en sociedad. 

Ahora ha llegado el momento en el que los que generan esas llamadas de atención a cualquier precio son gente que no vende nada más que a ellos mismos. Por un puñado de followers se meten con el primero que pillan sin ningún criterio razonado, más que el insulto y el «zasca» rápido y precipitado. Y, por supuesto, no pretendáis mantener una conversación con ellos matizando tus propuestas o pensamientos. 

Tengo la impresión de que ha llegado un momento en el que la gente ya lo hace de manera automática. Que sus propios cerebros, en lugar de ideas pensadas y razonadas, tienen clickbaits que soltar para que se les haga caso. Y lo peor de todo, desde mi punto de vista, quien ose a llevarle mínimamente la contraria, intentando explicar sus motivos, es centro de críticas estériles, de insultos de «caca, culo, pedo, pis» y, cuando surge la posibilidad de que tal vez hayan estado mínimamente equivocados en su planteamiento inicial, prefieren bloquear a esa gente que les ha llevado cuestionarse sus propias ideas, no sea que cambien de opinión. Maldito orgullo.

El infantilismo del «Habla, chucho, que no te escucho», el «Pues tú más», y el victimismo del «Mirad lo que me han dicho. Atacad, perros», casualmente, son las únicas armas del espécimen terrícola que tiene como primer pensamiento, el pensamiento clickbait.

Atentamente: El Selenita